eltiempo.com / elecciones 2006 / noticias
DIARIO EL TIEMPO
Mayo 27 de 2006
Con las elecciones de este domingo, Colombia responderá tres interrogantes de su vida políticaEl primero es si habrá o no segunda vuelta; el segundo, si el PDI da un paso hacia el poder, y el tercero, si el PDI relega al Partido Liberal.
El avance del Polo Democrático Independiente (PDI)Nunca como hoy –al menos así lo reflejan las encuestas–, esta tendencia había tenido la oportunidad de ser protagonista en una elección presidencial.
Lo que pase este domingo en las urnas, como lo fue el triunfo de Luis Eduardo Garzón en Bogotá en el 2002, será determinante para su futuro.
Pero, ¿qué se juega la izquierda hoy? En primer lugar, el reto de lograr un buen resultado en las urnas que le allane el camino hacia el poder. Una votación importante, como muy seguramente la tendrá con Carlos Gaviria, ayudaría a acortar ese plazo para llegar a la Presidencia.
En segundo lugar, la izquierda aglutinada en el Polo Democrático Alternativo debe dar un paso más hacia su consolidación como un partido fuerte, con opción de poder y ocupar el puesto que por años tuvieron los partidos tradicionales. Ganarle al candidato liberal ya sería un gran paso en esa dirección.
Estas elecciones también serán el termómetro que medirá realmente hasta dónde puede llegar la izquierda en un futuro. Esto es, si logra conservar la votación que obtenga Gaviria. Para nadie es un secreto que buena parte de esos votos le pertenece al ex magistrado, otros al antiuribismo, incluso, habrá un voto de castigo de uribistas decepcionados, y también de liberales y conservadores insatisfechos con el rumbo de sus colectividades.
No hay la certeza de que los votos que obtenga el Polo sean su ‘plante’ para el 2010.
Así, la izquierda deberá hacer un gran esfuerzo para conservar su propio caudal y tratar de mantener cautivos a los ‘recien llegados' y congregar más adeptos.
Por ahora, según el politólogo Fernando Giraldo, la izquierda “ha logrado con creces sobreaguar las inquietudes y reservas que tienen amplios sectores del país y han disuelto parcialmente las inquietudes y aprehensiones”, pero habrá que trabajar más para exorcizar los fantasmas que todavía ‘espantan’ a muchos en Colombia.
Es más, si hay una segunda vuelta y si el uribismo empieza agitar el trapo del anticomunismo con más fuerza, como ya lo hizo en esta primera etapa, mucha gente saldrá corriendo.
En términos generales, el PDA, tendrá que seguir en la tónica de aglutinar a la izquierda dejando los dogmatismos de lado y tratando de poner fin a las fisuras que de momento logró cerrar la candidatura de Gaviria, porque lo que se puede venir después de las elecciones es la continuación de la guerra entre las vertientes radicales y moderadas por el control del Polo.
No hay que olvidar que para llegar a lo que es hoy la izquierda representada en el Polo, fueron muchos los ‘tropeles’ y casi cuatro años les tomó a los dirigentes de varios partidos y movimientos de izquierda ponerse de acuerdo para enarbolar una sola bandera.
Los largos debates en ese proceso de unidad que comenzó en firme en enero del 2.005 estuvieron a la orden del día y tuvieron su punto más candente en la conformación de la lista al senado. Una disputa que dejó heridas que todavía no cicatrizan.
Estas elecciones significan para la izquierda la culminación de una campaña presidencial sin los temores y la violencia de otras épocas. “En ese sentido, se da la toma de confianza de la izquierda con el establecimiento”, afirma el analista John Mario González, quien agrega que es también “el punto de unión, el sedimento de las aspiraciones y luchas de muchos sectores sociales desde hace tres o cuatro décadas”.
Para apuntalar sus pretensiones en el 2010, la izquierda no la tendrá fácil. En Gaviria Díaz, encontró al mejor representante que haya podido tener en muchos años, pero también, le crea un grave problema, si en esta oportunidad no logra llegar a la Casa de Nariño. Será entonces muy difícil hallar un candidato que convoque, de la talla y altura del ex magistrado de la Corte.
CARLOS A. CAMACHO MARÍN
Redactor de EL TIEMPO
Incertidumbre por posibilidad de una segunda vuelta
Los últimos 7 días han hecho dudar mucho a quienes hasta hace ocho lo apostaban todo por que la elección se definiría hoy.
Así, cualquier cosa puede pasar hoy. Hasta los entendidos vacilan ahora.
“No va a haber segunda vuelta”, sentenció, de manera categórica Napoleón Franco –uno de los más reconocidos encuestadores del país– a EL TIEMPO, hace dos semanas. El pasado viernes rectificó: “Hoy no se sabe si habrá segunda vuelta o no”.
Con su nueva afirmación, Franco no enmendó un error. Quienes hacen estudios sobre intención de voto saben que cada muestra es como “la fotografía de un momento”, que lo normal es que la opinión cambie cuando surgen circunstancias nuevas. Y parece que eso es lo que está ocurriendo.
La masacre de Jamundí, la silla vacía en Caracol, la duda sobre si Uribe estaría preparando desde ya un tercer período en la Presidencia, tras el anuncio de su aliado, el senador Ciro Ramírez, de presentar un nuevo proyecto reformatorio de la Constitución el próximo 20 de julio para abrir ese camino, podrían haber generado cambios en la opinión. Para Franco esas son variables nuevas no medidas.
En cambio, César Valderrama, de Datexco, organización que produce los estudios sobre intención de voto para EL TIEMPO y La W Radio (de Caracol), afirmó que “en los últimos días no ha ocurrido hecho crítico alguno que modifique la tendencia”.
Jorge Londoño, presidente de Invamer-Gallup, admitió que hay mucha confusión sobre lo que ocurrirá hoy por falta de una medición reciente, pero de todas maneras no cree que haya segunda vuelta.
Los temores sobre la posibilidad de que los colombianos tengan que volver a las urnas el próximo 18 de junio a elegir a su Presidente parecen haber alcanzado las mismas huestes uribistas.
En sus cuarteles la confianza se mermaba a medida que llegaba el fin de semana y se conocían muchas versiones sobre nuevas tendencias de la opinión.
La persistente súplica del presidente Uribe a sus seguidores para que no tomen el puente y los muy diversos episodios de ‘guerra sucia’ contra los candidatos opositores, delataban cierto nerviosismo.
Los resultados electorales, no obstante los altos niveles de acierto de las encuestas en todo el mundo, suelen abrigar sorpresas. Para no ir tan lejos: la mayoría de los estudios sobre intención de voto en los pasados comicios legislativos daban como ganador al Partido Liberal, pero no ocurrió así. Los resultados estuvieron lejos de los pronósticos.
No es que las encuestas estén llamadas a desaparecer. Por el contrario, cada día ganan más espacio en la política moderna. Son métodos científicos de interpretación de los fenómenos sociales.
Tanto Franco como Londoño, anunciaron que tras las elecciones presidenciales emprenderán una cruzada para modificar la ley y pedir que se permita medir la intención de voto y divulgarla hasta la víspera de las elecciones. Esa es la tendencia en el mundo.
No poder medir la intención de voto los días previos a las elecciones –dijo Franco– es como tener un paciente en crisis, con posibilidades de atenderlo y no poder hacerlo porque la ley lo prohíbe.
Esta semana el puesto de las encuestas lo tomaron las especulaciones. Circularon muchas versiones que antes de aclarar las expectativas electorales, las colmaron de incertidumbre. Así que, cualquier cosa puede pasar.
El Partido Liberal se juega su existencia
De cumplirse los pronósticos y quedar en un tercer lugar, sufriría la más grande derrota de los últimos años.
Pero además se produciría una ruptura generacional y generaría una división interna entre un sector que pediría reconocer al presidente Álvaro Uribe como jefe natural de ese grupo político y otro que se mantendría en una oposición moderada al Gobierno, pero optaría por recomponer esa institución centenaria.
Si el candidato Horacio Serpa obtiene hoy una votación pobre y por debajo del registrado por otros candidatos liberales en épocas anteriores y de su propio desempeño en las elecciones presidenciales de 1998 y 2002, su vigencia electoral habría expirado.
Esa situación llevaría que nuevas generaciones representadas en Rafael Pardo, Andrés González, Juan Fernando Cristo y Rodrigo Rivera entren a jugar un papel más decisivo en el manejo de la colectividad, con nuevas propuestas y con el interés de recomponerla.
En cuanto al pronóstico de si el ex presidente César Gaviria seguiría al frente como jefe único, desde ya cerca de 18 congresistas son partidarios de que pese a los eventuales resultados adversos, el ex mandatario debe continuar en su cargo.
Y es que en esta contienda no solo habría sido derrotado Serpa, sino también los ex presidentes Gaviria y Alfonso López Michelsen, a quienes no les habría funcionado el llamado de agitar el trapo rojo.
Sin embargo, Serpa y varios senadores confían en que se despierte el fervor liberal en el país y logren un segundo lugar en las urnas.
El desgaste del liberalismo estaba cantado desde hacía más de 12 años, como resultado de una serie de equivocaciones de los presidentes liberales de turno.
Como el liberalismo ostentó el poder por varios años y cuando no lo hizo lo compartió, ese hecho lo ha llevado a no hacer una oposición abierta, sino tímida, como ocurrió en junio pasado en su segundo congreso, cuando decidió oponerse a algunas políticas del actual gobierno.
Sin embargo, la falta de continuidad en ese propósito fue aprovechada por el Polo Democrático que ejerció un control político más intenso al Ejecutivo.
Esa situación polarizó al país. Dejó en un extremo al uribismo y en el otro al grupo político que apoya al candidato Carlos Gaviria. En tanto que el liberalismo quedó en el centro como en una especie de sándwich y sin espacio para moverse políticamente.
Algunos analistas como Hernado Gómez Buendía recuerdan que si un ala del liberlismo triunfa en su propuesta de entregarle la llave de la casona de la calle 36 a Uribe se estaría realizando el sueño de los ex presidentes Turbay y Samper de ver al Jefe de Estado como director del Liberalismo. Y en la práctica del conservatismo, ya que es su candidato.
Por todo esto, el liberalismo, que obtuvo el 12 de marzo la tercera representación en el Congreso, se juega hoy su futuro.